A toda mi familia, amigos, conocidos y seguidores: Ha pasado mucho tiempo desde que tomé mi primera guitarra eléctrica a los quince años. Estaban por cumplirse 20 años de victorias y fracasos con mi antigua banda, cuando el destino me llevó a tomar una decisión tanto trascendental como difícil. El tren del ska naranja llegó a su estación final. Durante este tiempo mi titánica empresa me llevó a estar sobre las tarimas más insólitas que jamás hubiese imaginado. Con ella recorrí el viejo continente, recibí aplausos y abucheos, conocí los excesos y el amor, y vi a miles de personas bailando enérgicamente al ritmo de mis canciones. Además tuve el honor de compartir estos escenarios con muchos músicos que en su mayoría sigo queriendo y respetando como profesionales y merecedores de todo mi cariño y estima, por la alta calidad humana que vive en sus corazones. Algunos abandonaron el barco antes de tiempo, otros perdieron la brújula y finalmente otros nunca entendieron que esto se trata de amar y vivir para la música. ¿Por qué no podemos seguir siendo los sospechosos de siempre? Razones sobran para cantar este réquiem. Dos de ellas las comparto con ustedes en estas líneas, para hacer honor al apoyo recibido durante todo este tiempo: La primera es una necesidad imperante de renovación, de respirar nuevos aires, de probar otras formas de expresión; de cambiar. La segunda, muy lejos de ser el motor de este cambio, ha sido un atolladero legal que no me permite, por ahora, seguir con esta tradición musical que data de mi adolescencia. Estas acciones enfermizas fomentadas por un tercero han contaminado a un colectivo que, en pleno, estaba luchando por su lugar en la historia de la cultura venezolana. Más allá de las grandes dificultades que hay para hacer música en este país, nos dimos cuenta, tarde quizás, que el enemigo estaba también adentro, envenenándonos. Mucho tiempo pasó para darnos cuenta con tristeza que sus limitaciones y frustraciones estaban entoperciendo nuestros comedidos logros y que incluso, una vez afuera, esa maldad no nos permitía mantenernos vivos con una de las cosas que nos llenaban de orgullo: la perseverancia. Estoy agradecido con la vida de que esta nueva etapa pueda llevarla a cabo con todos los músicos que estaban conmigo en el otrora barco engrangenado. Esto tiene que hablar por si solo del inmenso calor humano que se tejió en nuestra familia musical y que superó con creces el impacto de dejar en el pasado el legado de los abuelos del ska. Que nuestra tranquilidad y armonía dependa de nuestras acciones y no de los karmas ajenos, no tiene precio. Asumo el reto de la reinvención como el que empieza de cero, rescatando lo bueno de la experiencia de ser la sombra de Desorden Público, la banda emblemática de Caricuao (estandarte llevado siempre con supremo orgullo), los pioneros del ska latino, los abstencionistas del 93, así como nuestro Nuevas Bandas de 94, los incansables tours por Colombia, España, Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Suiza, Polonia, Croacia, Italia, República Checa, País Vasco y Eslovenia. Las razones escapan de mi memoria. No reniego del legado dejado como sospechoso, pero es irreversiblemente imposible que mis hermanos músicos y yo nos montemos en una tarima bajo una denominación obsoleta cargada de rencores, hipocresía y falsas disculpas. Pero igual de tajante, asumo con toda responsabilidad que vienen tiempos mejores cargados de nueva música, buena vibra, letras de reflexión, fiesta, amor y compromiso social. Mi corazón está sano, libre de recelos y rencores; no tengo tiempo para desgastarme y restarle tiempo a nadie que no sea mi pareja, mi familia, mis amigos y la música. Que la vida siga su curso y que cada quien coseche lo que desee. De este lado, pongo mi voluntad por ser mejor ser humano, y regarle al mundo con humildad mi modesta inspiración. Empiezan a correr tiempos de magia. Les presento a BigMandrake. www.facebook.com/bigmandrake Edu Malavé